jueves, 20 de diciembre de 2012

Conceptos y términos: ‘logos’

Uno de los vocablos más relevantes en filosofía griega es ‘logos’. Incorporado más tarde a otras lenguas lo encontramos, por ejemplo, evidentemente, en una disciplina como ‘lógica’ (ciencia del saber demostrativo) y, convenientemente modificado, ha servido, como sufijo, para indicar en ciertas expresiones que “se trata de algo” o que es “el estudio de algo”; así ocurre, por ejemplo, en “filo-logía”, “bio-logía”, “antropó-logo”, “paleonto-lógico”, etc., donde el sufijo “-logía”, “-logo”, o “-lógico” señala la pertenencia a un determinado tipo de saber.

En un sentido más propiamente filosófico, ‘logos’ tiene en sus orígenes el significado de “hablar”, “decir” o “dar sentido”, entre otros. Traducido de ordinario como “razón”, se puede entender asimismo en una infinidad de otros sentidos: “verbo”, “palabra” o “discurso”, “pensamiento” o “inteligencia”, “ley” o “principio”etc. A veces se señala que el sentido primario del término en su forma verbal, como nos dice Ferrater Mora, es el de “recoger” o “reunir”: “se "recogen" o "unen" las palabras como se hace al leer y se obtiene entonces la "razón", "la significación", "el discurso", "lo dicho"”. El logos, por consiguiente, sería la razón discursiva que emerge por mediación de la palabra. Ferrater Mora añade: “se ha entendido por 'logos' el principio inteligible del decir, la "razón" en cuanto "razón universal", que es al mismo tiempo la "ley" de todas las cosas. Con el logos se engendra un ámbito inteligible que hace posible el decir y el hablar de algo, pero a la vez este ámbito puede ser resultado de la inteligibilidad de lo que es en cuanto logos”.

Aquello que se somete a la ley del logos o de la racionalidad será, pues, “lógico”; por el contrario, “ilógico” o “irracional” constituirá lo que no obedece a tal ley.

Examinemos ahora, brevemente, el empleo de este concepto por algunos filósofos y corrientes.

Heráclito define al ‘logos’ como razón universal, una ley común que gobierna el mundo y posibilita el orden y la justicia. El sabio conocerá esta razón omniabarcadora y acatará sus decisiones; pero es una razón no evidente, no todos pueden detectarla y actuar en consecuencia. Sólo el sabio será capaz de ello viendo que, gracias al logos, todas las cosas son una. Así, Heráclito une el ‘logos’ y el ser, lo epistémico y lo metafísico, unión manifestada en el pensamiento humano, pues éste revela “lo ente en relación a su ser a través del lenguaje”, según Antoni Martínez Riu.

Mientras Platón vio en el logos un intermediario en la formación del mundo, Aristóteles lo concibió como contenido semántico, o sea, como lo que una palabra da en su simple definición. El logos es lógica, puesto que sólo bajo la forma de enunciados verdaderos o falsos podemos otorgarle un sentido. Aquí Aristóteles separará el valor del mito (mera difusión de la tradición), que no es fuente de verdad, del logos (lógica), que revela lo que es cierto.

La escuela estoica retomó a Heráclito: el logos es común al hombre y al universo, es principio de orden cósmico, Cosmos que se concibe como una unidad viviente. El logos es, pues una “divinidad creadora y activa, el principio viviente e inagotable de la Naturaleza que todo lo abarca y a cuyo destino todo está sometido” (Ferrater Mora).

Filón de Alejandría verá el logos como ley moral y principio unificador de lo inteligible, intermediario entre el Creador y la criatura, una realidad que media entre la absoluta trascendencia del primero y la finitud de la segunda. Para el cristianismo, el Logos es como el hijo de Dios, una realidad creadora, trascendente y comunicativa. Por su parte, para el neoplatonismo, con Plotino a la cabeza, el Logos mantiene su estatuto de ser intermediario, ahora entre Dios y mundo.

Ya más cerca de nuestro tiempo, Husserl señalará dos significados para ‘logos’: por un lado, palabra y proposición (y lo que ésta contiene, así como lo que ella misma menta); y, por otro, la idea de una norma racional. Por tanto logos es, tanto la razón misma, vista como facultad, como también un pensamiento que pretende ser verdadero. Como nos dice Ferrater Mora, en Husserl, “logos puede significar, entonces, tanto la proposición como el pensamiento y lo pensado en él, de suerte que la teoría del Logos se convierte en una doctrina de la lógica trascendental”.

Heiddeger, por último, ha vuelto al significado griego de ‘logos’, retomando su sentido de lo que “deja ver”, o lo que “hace patente aquello de que se habla”. El logos, este desvelo del ser, descubre lo que el enunciado manifiesta pero, además, permite dar sentido a lo que aquel enuncia. Resume Ferrater Mora: “Tenemos entonces en el Logos el significado del enunciado como acto de dejar ver algo patente, como lo señalado en el enunciado y como la razón de ser de aquello que el enunciado enuncia”. Y, Antoni Martínez Riu, concluye a su vez: “En cuanto permite el desvelamiento del ser, [el logos] es lo que permite edificar una ontología y no una mera ontoteología [es decir, estudia el ente, lo existente en cuanto existente, y ya no sólo el ente Supremo, como había venido haciendo la Metafísica, según Heiddeger]”.